Al inicio del capítulo 13 “Evaluación del aprendizaje: prácticas y usos de los recursos tecnológicos” el autor aborda el tema de la confianza, como un tópico central y delicado en toda evaluación, presencial o no.
Menciona por ejemplo, la confianza en el sistema que al generar este mecanismo, asume que debe existir un filtro social que valore y permita a los más destacados acceder a determinadas funciones o privilegios; o en caso contrario impedir que aquellos que no presenten las cualidades requeridas no defrauden a la sociedad. Se asume también como implícita en toda evaluación, la capacidad del evaluador para asignar calificaciones justas a los evaluados y al evaluado le queda el asumir que la evaluación es un mecanismo eficaz que le asegura la consecución de algunos objetivos primordiales en su vida.
Es pues, la evaluación un mecanismo social que pretende seleccionar a los más indicados para determinada labor en la sociedad. Es por ello que la evaluación misma es cuestionada (metaevaluación) en el sentido de su eficacia y certidumbre en evaluar lo que dice que evalua.
En este texto el autor destaca 7 prácticas de evaluación en las que se utilizan recursos tecnológicos:
1. Exámenes presenciales
2. examen en forma virtual
3. asignar trabajos
4. foros asincrónicos de comunicación
5. medios sincrónicos de comunicación
6. autoevaluación
7. coevaluación
En todas estas modalidades se evalúan sus virtudes y desventajas, y se agrega la reflexión sobre el uso de recursos tecnológicos en estos tipos de evaluación.
Por ejemplo en el examen presencial su elemento central es el control de la identidad del sustentante, pero presenta las desventajas del elevado costo y poca flexibilidad en el momento de su aplicación (fechas, horarios o sedes).
El examen virtual, es un instrumento que se aplica por medio de una plataforma tecnológica, lo que le da flexibilidad en el momento de su aplicación (el estudiante decide entre una gama de fechas, la que más le convenga) y existe la posibilidad de generar distintos instrumentos de evaluación que brindan confianza al evaluador, al no repetirse el mismo examen en todos los casos, con todos sus alumnos.
Asignar trabajos es una más de las siete prácticas, cuyo énfasis descansa en el diseño previo y profesional de actividades de aprendizaje, por parte del profesor; en cuanto al alumno su principal ventaja es que fomentan un aprendizaje autodirigido que en la mayoría de los casos satisface algunas necesidades de capacitación. La principal desventaja es el tiempo que estas actividades requieren para su revisión.
Otra práctica es la de evaluar el desempeño en foros asincrónicos, en este caso se evalúa un proceso de interacción, el cual puede ser evaluado por medio de un índice de frecuencias de participación y también por la calidad de las mismas; la principal desventaja es la dificultad para dar seguimiento oportuno a las interacciones de los alumnos. El seguimiento y las facilidades que al docente se le ofrezcan para llevarlo a cabo, es una de las áreas de oportunidad para las plataformas tecnológicas.
Aunque evaluar el aprendizaje por medio de foros sincrónicos de interacción, es otra posibilidad, que además permite corroborar la identidad del evaluado, es también la menos viable en varios sentidos; requiere que la evaluación sea de uno a uno, lo cual llevaría un tiempo demasiado largo para evaluar al total de alumnos del curso, no es flexible en horarios y depende del tipo de conexión que se utilice.
La autoevaluación es una opción que se visualiza como un área de oportunidad en el sistema de evaluaciones, reivindica la confianza que debe existir entre evaluados y evaluadores, requiere de un proceso de reflexión en cuanto a los esfuerzos realizados y el alcance o no de los objetivos. Pero debido a que descansa en un aspecto que es totalmente humano, la confianza, tiene en esta su fortaleza principal o su debilidad más grande.
La última de las prácticas que se abordan en este capítulo 13, es la coevaluación, la cual, si bien trae consigo un ahorro de tiempo y aspectos cognitivos y afectivos, también puede acarrear dos aspectos negativos, el canibalismo académico y la piedad académica, los dos igual de nocivos para toda evaluación porque en ambos los resultados se deben a cuestiones de índole personal y no sólo se evalúan como debiera ser: “la calidad del trabajo” y la “contribución al logro de objetivos”.
Todas estas prácticas presentan algo en común: la intención de “apreciar el grado en que los alumnos han logrado los objetivos de aprendizaje”
Como conclusión me quedo con el mensaje que el autor comunica a cerca de la confianza: es tan difícil y complicado no confiar en nadie, como el confiar en todos, la pregunta en todo caso sería ¿Entonces en quien confiar? Si lo situamos en un asunto puramente relacional, ¿Entonces cuando confiar? Si lo situamos en un asunto de contexto ¿Entonces para que confiar? Si la respuesta la deseamos encontrar en un asunto puramente procedimental.
Referencia
Lozano Rodríguez, A. & Burgos Aguilar, J. V. (2008) (Comp). Tecnología educativa: en un modelo de educación a distancia centrado en la persona. Distrito Federal, México: Limusa. (Capítulo 13)